Det. : ¿A qué hora llegó usted esta mañana?
Ana Lucía: A las siete catorce. Siempre llego a la misma hora, el señor Starling lo puede confirmar. Preparo su agenda antes de que llegue el resto del equipo.
Det. : ¿Tenía razones específicas para entrar a su oficina hoy?
Ana Lucía: Las mismas de siempre. Dejo el café, reviso que todo esté en orden, acomodo los documentos del día. Es parte de mi rutina desde hace años.
Det. : ¿La puerta estaba cerrada cuando llegó?
Ana Lucía: Entreabierta. Eso me pareció raro porque Roger — el señor Starling — siempre la deja cerrada con llave cuando se va. Siempre. Es muy cuidadoso con eso.
Ana Lucía: Entré porque pensé que quizás había olvidado algo la noche anterior. Y entonces lo vi.
Det. : ¿Reconoció al hombre?
Ana Lucía: No. Nunca lo había visto. No es empleado, no es cliente, no es nadie que yo haya visto en ocho años entrando a ese edificio.
Det. : ¿Tocó el cuerpo? ¿Movió algo?
Ana Lucía: No. Salí de inmediato y llamé a seguridad. No toqué nada.
Det. : Una última pregunta por ahora. ¿Sabe usted dónde está el señor Starling en este momento?
Ana Lucía: En Monterrey. Viajó ayer por la mañana. Yo misma le confirmé la reservación del hotel la semana pasada.
Det.: ¿De casualidad usted tiene una vela en su escritorio?
Ana Lucía: ¿Por qué lo pregunta?
Fin de la entrevista