Las luces bajas y los sonidos alrededor lograron adormecer su cerebro por un rato, al menos tuvo ese breve respiro de sus pensamientos.
Ya no podía más.
Y sin embargo tenía que seguir.
No había duda alguna de que el mundo es un lugar muy retorcido.
Al menos el mundo personal de Cam lo era.
Se levantó despacio de la incómoda silla y se acercó casi de puntillas a la lúgubre figura escondida entre tantos aparatos, cables y vendajes. Solo para comprobar que seguía con vida. Los sonidos de las múltiples máquinas podían comprobarlo, pero ella necesitaba ver el suave vaivén del aire entrando y saliendo de su cuerpo. Sabía que era producto del respirador, pero aun así le daba algo de tranquilidad.
Intentaba reconocer a su esposo en ese rostro deforme y envuelto en vendas, lleno de cables; pero no podía tolerar mirarlo por más de dos segundos.
Caminó lentamente a la ventana, el día afuera era soleado y lleno de vida. Le costaba entender cómo al mismo tiempo ella estaba en ese lugar tan oscuro.
Absorta en sus pensamientos, tardó en darse cuenta del insistente pitido de las máquinas. La habitación de pronto se llenó de enfermeras y doctores moviéndose a gran velocidad. Como en una coreografía largamente ensayada, cada uno hacía su parte, mientras Cam solo podía mirar sin entender qué pasaba. No podía moverse, ni hablar, ni respirar, ni siquiera pensar. Estaba paralizada.
—Señora, salga por favor.
—¡Señora! Necesito que salga.
Cam no podía escuchar nada más allá del fuerte pitido de los aparatos conectados al maltrecho cuerpo de su amado Dan.
No supo en qué momento salió de la habitación, o la sacaron de ella. Estaba sentada en la sala de espera, sola. El aire no le llegaba a los pulmones y el pánico iba llenando poco a poco el espacio alrededor, asfixiándola, impidiéndole respirar. “Aumento de presión intracraneal” fue lo único que pudo registrar dentro de todo el caos en la habitación.
No sabía de términos médicos pero sí entendía que eso era grave, muy grave. Dan estaba en crisis, indudablemente.
¿Qué sería de ella sin Dan?
Traumatismo craneoencefálico; se lo repetía mentalmente una y otra vez, tanto, que las palabras sonaban vacías y sin significado alguno. Golpes. Múltiples golpes. Con un martillo aparentemente, le dijeron. Como si eso importara, como si el “instrumento” redefiniera el rostro irreconocible de Dan. Pronóstico sombrío. Eso sí tenía un significado para ella, eso sí definía tantas cosas.
Los policías lo llamaron “daño colateral”. *¿Colateral para quién? Esto me está destruyendo toda la vida. En distintas y devastadoras formas, y se atreven a llamarlo daño colateral. Ja.* Pensaba mientras las lágrimas salían sin que lo notara, como una represa desbordando sin control.
Se limpió con furia el rostro con el dorso de la mano, intentando mantener la compostura.
Cam sabía que en algún momento tendría que enfrentarse al panorama completo. Pero no hoy, no ahora. Dan parecía estar muriendo, y Cam no podía, no quería moverse. Como si al hacerlo terminara de romper lo que ya estaba roto y se negaba a aceptar.
No tenía idea de cuánto tiempo llevaba ahí, flotando entre el dolor y la rabia, el miedo y la esperanza. Iba de un lugar al otro intentando convencerse a sí misma de que Dan tendría una explicación tan razonable y simple, que ella terminaría sintiéndose una idiota por no haberlo pensado antes.
Una enfermera había llegado a su lado sin que lo notara.
—El doctor necesita hablar con usted, dígame por aquí señora.
Su corazón empezó a latir desbocado mientras sus ojos desorbitados se posaban en el rostro de la enfermera buscando en él algún significado.
La enfermera se dio cuenta en ese instante de lo que ella estaba temiendo y se apresuró a tranquilizarla.
—Lo siento, no me di cuenta —le dijo—. Está estable ahora.
Las lágrimas bajaban por las mejillas de Cam al mismo tiempo que se llenaba de furia contra la enfermera. Quería abofetearla por haberla hecho pasar por ese momento.
Asintió, sin decir nada porque sabía que si hablaba la insultaría sin piedad; al tiempo que se ponía de pie dispuesta a seguirla.
Mientras caminaba detrás de la enfermera por el largo pasillo, Cam pensaba en sus palabras: “está estable ahora”, y el aire fluía con más libertad en su interior. Era por fin un respiro al cual podía aferrarse.
El doctor se encontraba de pie esperándola en ese pequeño y casi vacío cuarto. Dos acolchadas sillas, una pequeña mesa en medio con pañuelos desechables, dos vasos y casi nada más. Un dispensador de agua en una de las esquinas le hizo pensar que llevaba más de 24 horas sin tomar ni comer nada. Ya se encargaría después de eso.
El doctor le señaló la silla con un movimiento de cabeza y ella se sentó, esperando que él comenzara la conversación. Ella no podía.
—Hemos logrado estabilizar la presión intracraneal temporalmente —le dijo el médico.
Ella solo asintió. Él la miraba fijamente mientras decía las palabras despacio, buscando un signo de entendimiento de su parte.
—Las imágenes muestran daño axonal difuso con compromiso severo del tronco encefálico. Esto significa que las partes del cerebro que controlan las funciones básicas del cuerpo están severamente dañadas. La actividad cortical es mínima, lo que quiere decir que hay muy poca actividad cerebral detectable.
—Vamos a trasladarlo a una habitación privada, queremos que esté más cómodo, en un lugar más tranquilo, y que pueda estar acompañado —terminó con un tono suave.
Cam en ese momento solo podía pensar en el significado del traslado. Ya no estaría en cuidados intensivos…
El doctor se puso de pie y le palmeó el hombro con suavidad. Su mirada era grave y al mismo tiempo compasiva, la misma mirada que probablemente había repetido cientos de veces en ese mismo cuarto.
Cam también se puso de pie y le dio las gracias.
Antes de salir, se volvió hacia ella.
—Cam, ¿entiende lo que le he dicho del estado de su esposo?
—Sí, sí. Lo entiendo. Gracias por todo, doctor —contestó Cam en un susurro, mientras en su mente solo seguía repitiéndose: “ya no estará en cuidados intensivos”.
Cuando Cam entró a la habitación privada, Dan ya estaba ahí. Se veía pacífico, sin tantas máquinas a su alrededor. Incluso le parecía que su rostro estaba mejorando y tenía ahora algo de color.
Se sentó a su lado y tomó su mano entre las suyas, acariciándola con suavidad.
Su mente por fin tuvo un breve descanso y se aferraba con todas sus fuerzas al hecho de que Dan ya no estaba en cuidados intensivos, ya no estaba lleno de cables y máquinas. El respirador seguía ahí, pero entendía que debía ser de ese modo. Debía tener ese soporte para que su cuerpo enfocara toda su energía en aliviar su cerebro.
Había podido comer algo mientras pasaban a Dan a la habitación y ahora se sentía mejor, más entera para enfrentar lo que venía y con ánimo para hacerlo. No importaba lo duro y largo que fuera, ella estaría ahí para él. Y cuando lo superara, cuando se recuperara, serían capaces de enfrentar lo otro. Lo lograrían, juntos podrían, estaba segura de eso.
—Ay, Dan, tal vez puedas escucharme. He leído por ahí que las personas en coma son capaces de escuchar aunque parezca que no —le dijo en un murmullo muy cerca de su oído, reposando su cabeza en la almohada, respirando su olor. Olía a antiséptico, a sangre, a hospital. Pero ahí, en algún lugar lejano, aún quedaba algo del olor que ella recordaba de tiempos mejores. Tiempos ni siquiera tan lejanos. Apenas unos días atrás, cuando la besó en la mejilla, despidiéndose antes de ir al trabajo. Justo antes de que recibiera ese mensaje.
—¿Sabes? Jamás pensé ni por un segundo que tú, precisamente tú, fueras capaz de tener una aventura. De engañarme. Confiaba en ti ciegamente —le dijo con suavidad pero con un dejo de amargura en la voz, mientras su garganta se iba encogiendo lentamente.
—Aún creo que tienes una explicación razonable, aún creo que tal vez era algo inocente sacado de contexto, o tal vez solo me estoy aferrando a eso de un modo infantil. Como sea, ya lo hablaremos cuando despiertes. Esperaré hasta saber la verdad de tu boca. Pero ha sido tan duro, el dolor me golpeó de frente y me dejó sin aliento.
*Mi mente parecía un torbellino recorriendo cada palabra, cada gesto tuyo, buscando cualquier señal que yo hubiera pasado por alto. Pero por encima de todo eso, solo podía pensar: ¿en qué te había fallado? ¿Qué fue lo que hice mal? ¿En qué momento dejé de ser la mujer que amabas? ¿En qué momento dejé de ser no solo suficiente para ti, sino quien decías que era y sería siempre todo tu mundo?*
Cam lloraba ya al hablarle. Esperaba en silencio oír su voz respondiéndole. Esperaba que la tranquilizara y le dijera que todo era un malentendido, que nunca la engañó. Pero solo le respondía el rítmico y mecánico sonido del respirador, bombeando constante e incansable el oxígeno que Dan necesitaba para vivir.
—Cuando recibí ese mensaje y vi las fotos… yo… —la voz se le quebraba, le faltaba el aire. Pero ya había empezado y era incapaz de detenerse—. Mi mundo estaba colapsando —se interrumpió abruptamente al notar que entraba una enfermera de rostro compungido a revisar los monitores.
Se incorporó lentamente intentando recomponerse.
—¿Pasa algo? —le preguntó a la enfermera mientras miraba de reojo los monitores.
La enfermera negó con la cabeza y desvió la mirada. Pero Cam pudo ver en sus ojos que algo no estaba bien, pudo notar preocupación y algo parecido a la lástima. Y cuando fue capaz de darle nombre, la furia rugía en su interior.
Se levantó airada, dispuesta a interrogar a fondo a la enfermera, pero ella ya había salido tan silenciosamente como había llegado.
Iba a ir tras ella pero, mientras dejaba sus cosas en la silla, notó algo que no estaba ahí y que debería estar. El sonido del monitor de los signos vitales. La imagen estaba presente, sin sonido. ¿Qué significaba eso?
Salió buscando a alguien que le diera respuestas y se topó de frente con otra enfermera.
—Disculpe señorita… creo que algo está mal con el monitor de mi esposo —le dijo antes de que pudiera seguir su camino.
La enfermera, que estaba al tanto de la gravedad del paciente, asintió y entró a la habitación detrás de Cam. Fue directo al monitor y lo revisó brevemente.
—No le pasa nada al monitor, señora, funciona correctamente —le dijo.
—Pero no suena, no se escucha, debe estar descompuesto —le respondió angustiada.
—Tranquila señora, solo bajamos el volumen para que estuviera más tranquila. El monitor funciona correctamente —le dijo al tiempo que la tocaba suavemente en el brazo intentando reconfortarla.
Cam se calmó un poco, pero había algo que le molestaba. La forma en que la miraron las enfermeras era una espina clavada en sus pensamientos.
Miraba hipnotizada las líneas danzantes del monitor, y aunque había números y ritmos que no podía descifrar, sabía que el corazón de Dan mantenía las líneas bailando en un sube y baja constante.
Mantuvo la mirada fija en ese monitor durante un largo rato, hasta que el sueño acudió a salvarla.
Cuando despertó, instintivamente miró de nuevo el monitor. Las líneas bailaban con lentitud pero seguían ahí, y ella respiró aliviada.
Volvió al lado de Dan, junto a su oído, susurrando palabras de amor.
—¿Sabes? En este momento lo que menos me importa es la cuestión de esa mujer. No quiero saber ahora quién era ni qué hacías con ella, ni si las fotos donde la besas son reales. Justo ahora solo quiero que sepas que te amo, que te necesito vivo y conmigo. Que mi mundo está incompleto hasta que vuelvas a él. ¡Por favor, vuelve, te lo ruego!
El aire que lograba entrar a sus pulmones se sentía tan insuficiente. Tan escaso. El pecho le dolía, físicamente le dolía, cada vez que intentaba respirar.
—Llegaste a mi vida y me sacaste de ese horrible agujero negro en el que me encontraba. Tú… tú me salvaste, me sacaste de la oscuridad y me llevaste a la luz, y ahora me arrastras a este limbo en el que no está totalmente oscuro pero tampoco entra la luz. Y yo estoy aquí sin poder moverme, sin poder avanzar ni retroceder. Sé que estar aquí no fue tu elección, pero de cierto modo sí lo fue, ¿sabes? Tú te pusiste en una situación de riesgo y me llevaste a mí en el proceso.
Te debo la alegría que jamás habría conocido sin ti, te debo el amor que nunca recibí, ni siquiera de mí misma. Te debo la estabilidad y la seguridad de una vida donde fui amada y cuidada y protegida por ti. Y eso, todo eso, amor mío, es ahora mi mundo entero. Y sin embargo, también te debo ahora el dolor de verte aquí, yaciendo casi sin vida; te debo la angustia irreal de no saber si estarás bien, te debo la falta de aire que no llega a mi pecho sin importar cuánto lo intente, te debo el miedo aplastante que me inunda cada que miro tu rostro y no soy capaz de reconocerte.
Dime, ¿qué hago ahora con todo eso que me has dado?
Cam lloraba sin poder contenerse. Sus hombros se sacudían violentamente con cada sollozo, incapaces ya de sostener el peso abrumador de sus sentimientos, y sus manos se aferraban con fuerza a la mano de Dan. Mientras se encogía en sí misma, haciéndose cada vez más pequeña, intentando inconscientemente protegerse de algo que acababa de alcanzarla irremediablemente.
No se dio cuenta de cuánto tiempo pasó llorando aferrada a Dan. El tiempo fue perdiendo su forma lentamente y su cuerpo le pesaba el doble; las manos que se aferraban a Dan ya no tenían fuerza para sostenerlo, mientras su mente parecía flotar en la nada y sus ojos miraban sin ver.
El monitor estaba ahí con sus líneas verdes surgiendo y desapareciendo cada vez más y más lento. Los ojos de Cam estaban fijos en él, mientras un hipo ocasional la sacudía violentamente. Como recordatorio de su desgarrado universo personal.
La línea verde apareció plana, fija y sin bailar.
Cam la miraba sin ver.
La verdadera señal de alarma llegó cuando entró el doctor — no una enfermera, el doctor — seguido de otro doctor y dos enfermeras. Rodearon la cama mientras una de las enfermeras alejaba a Cam suavemente pero con firmeza.
No hubo caos esta vez, nadie corría y nadie hablaba; solo se miraban unos a otros. Y tampoco la sacaron de la habitación. Ahí fue cuando la verdad llegó a su mente: cruel, destructiva y abrumadora.
Dan estaba muriendo. O tal vez ya estaba muerto.
Miraba con los ojos vidriosos y desorbitados de un doctor a otro, y ellos solo la miraban al tiempo que negaban lentamente con la cabeza.
¿Qué significaba eso? ¿Que todo estaba bien? ¿O que ya no había nada que hacer?
*¡Mierda! ¿Que alguien hable por favor? Maldita sea, que alguien me explique qué está pasando.*
Uno de los doctores, como si pudiera leer sus pensamientos, se acercó a ella y le dijo con voz grave y suave:
—Lo siento mucho, Cam. Sus heridas eran devastadoras y era muy difícil que sobreviviera.
*Murió. De verdad murió.* Fue lo que pensó justo antes de colapsar.
Una enfermera ya se encontraba a su lado en ese momento y pudo sostenerla antes de que se desvaneciera y cayera al suelo.
Después de eso, Cam no sentía nada. No había dolor, no había tristeza, no había enojo. No podía sentir nada.
Parecía estar en piloto automático, porque no recordaba nada después de desvanecerse. Solo estaba ahí, existiendo sin existir. Tal vez así sería su vida a partir de ese momento. Dan ya no estaba, Dan murió, y Cam parecía ya tampoco estar.
No se despidió, no lo besó, como cada mañana cuando salían al trabajo. Dan ya no estaba ahí, ya no había a quien despedir ni a quien besar antes de salir. Ahí solo quedaba el vacío, las preguntas que jamás serían respondidas, los reclamos que jamás serían escuchados, la herida que jamás sería sanada.
—Señora Cam… señora Cam —alguien la llamaba mientras salía de la habitación.
Se giró lentamente hacia el detective que la llamaba.
—Señora, tengo información importante para usted —dijo el detective.
—Lamento decirle las cosas aquí y de este modo, pero no quiero que lo vea en las noticias. El primer punto es que, según nuestra investigación, la señorita Ellen, que murió en la escena como sabe, estaba en una relación con su esposo. Supongo que usted no estaba enterada, ya que aparentemente era una relación muy reciente, de unos días tan solo. O, ¿lo sabía usted? —le preguntó.
Cam, con la mente en brumas, acababa de recibir del detective una estocada más.
—Detective, mi esposo acaba de morir —le respondió en un tono sombrío pero muy frío.
—Lo lamento mucho —respondió el avergonzado detective—. No quiero ser más impertinente, pero es importante que sepa esto. El asesino acaba de entregarse voluntariamente, y en este momento está siendo interrogado por nuestros oficiales y psiquiatras forenses. Eso es todo, no la molesto más en este difícil momento. Si necesito volver a hablarle, llamaré antes para no importunar. Lamento mucho su pérdida, de verdad.
Cam se dio media vuelta y siguió caminando lentamente hacia la salida sin mirar atrás.
Las luces bajas y los sonidos alrededor lograron adormecerla para siempre.
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